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¿Cuándo cambiar las pastillas de freno?

Circular en un coche sin frenos o con ellos desgastados o en mal estado es un riesgo que no hay que asumir en ningún momento. Lo mejor es buscar un taller con coche de sustitución y dejar el nuestro para que los mecánicos cambien las pastillas de freno o todo el sistema si fuese necesario.

Hay que tener en cuenta que tanto los discos como las pastillas de freno no son eternos y aunque tienen una larga vida operativa, llegará un momento en el que tendremos que cambiarlos. El desgaste o la forma de conducir son aspectos que pueden acelerar nuestra visita al taller.

Señales del coche que nos indican que debemos cambiar las pastillas de freno

Es importante fijarse en la señal luminosa del salpicadero. Los coches más modernos cuentan con sensores que nos indicarán si la pastilla de freno está desgastada y hay que cambiarla. En caso de que el coche no cuente con este sistema, quien deberá avisarnos es el mecánico, pero para ello hay que llevar a cabo inspecciones de forma frecuente. De esta forma no solo nos aseguraremos del estado de los frenos sino también de otros componentes importantes del vehículo.

Comprobar el espesor de las pastillas durante la inspección es indispensable. Normalmente, una pastilla de freno tiene un espesor de aproximadamente unos 15 milímetros y cuando éste se ve reducido a tan solo 2 o 3 milímetros hay que cambiar la pastilla de manera inmediata.

Es nuestra responsabilidad como conductores revisar cómo es el espesor de las pastillas de freno de nuestro vehículo, sobre todo teniendo en cuenta que las delanteras se desgastan más rápido que las traseras.

Para finalizar, no podemos olvidarnos de los avisos que nos da nuestro coche. Si cuando frenamos escuchamos un sonido metálico, el ferodo de las pastillas de freno se ha desgastado y tendremos que cambiarlas. En caso de seguir circulando, no solo podemos enfrentarnos a un posible daño de importancia en el sistema de frenos sino también a un accidente.

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Junta de culata, una de las peores averías del coche

motor cocheContar con un taller con coche de sustitución cuando se tiene una avería como la de la junta de culata es indispensable porque mientras se repara podremos seguir desplazándonos. Esta clase de avería, además de cara, es bastante difícil dado que se tienen que desmontar diferentes piezas del motor y da bastante trabajo al mecánico o mecánicos que se encarguen de su arreglo.

Causas del por qué se puede averiar la junta de culata

Si nos preguntamos por qué puede estropearse la junta de culata puede ser porque el motor puede llegar a temperaturas demasiado altas. Esto puede provocar una avería por deterioro debido a la temperatura más alta de la que puede llegar a soportar.
Si el motor se sobrecalienta demasiado, la avería con la junta de culata es prácticamente segura porque se pierde líquido refrigerante. En el momento en el que el motor sube demasiado de temperatura, salta un aviso en el cuadro de mandos del coche, algo a lo que hay que hacer caso, no solo por nuestra propia seguridad sino por nuestra economía.
Otra posible causa del por qué esta pieza tan importante del vehículo puede sufrir una avería es que se encuentre mal ajustada dentro del motor, un peligro al que no debemos estar expuesto.
Si no lo está, en el momento en el que el coche se encuentre en marcha, la junta de culata comenzará a recibir impactos debido al propio movimiento del motor así como quemaduras ocasionadas por los gases que se producen durante la combustión, algo que puede hacer que la pieza se desgaste.
Para finalizar, hay que recordar que si la junta de la culta no se encuentra bien ajustada, ésta perderá su elasticidad y la capacidad natural de poder asimilar los movimientos del propio motor cuando el coche está en marcha.

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