Cómo se realiza un control de alcoholemia

La prevención es uno de los mejores métodos para evitar tener un accidente y en el mejor de los casos solicitar una cita con un taller con coche de sustitución después de haber sufrido un golpe. Los controles de alcoholemia son más que nada para evitar que los conductores vayan con más alcohol en sangre que lo permitido y pueda producirse un accidente.

¿Sabemos cómo funciona un control de alcoholemia?

Lo primero que se hace es señalizarlo correctamente con una zona de aviso y balizas para que se pueda reducir la velocidad unos 100 o 200 metros antes de donde se haga el control. Un agente nos dirá dónde debemos detener el coche para someternos a las pruebas.
El agente nos explicará que se trata de un control de alcoholemia rutinario y nos proporcionará una boquilla por la que habrá que soplar en el etilómetro de muestreo.

Si en la prueba no hay rastros de alcohol o la tasa es inferior al máximo permitido, podremos irnos. Si es superior al máximo permitido, la prueba debe repetirse en la furgoneta. En ella se hará una segunda prueba con un etilómetro evidencial, el cual tiene una mayor precisión. Entre una prueba y otra deben pasar al menos unos 10 minutos.

Si la tasa es inferior a la permitida podremos irnos, si es superior, el agente realizará la denuncia. El conductor sancionado no podrá continuar su marcha y el coche quedará inmovilizado hasta que el conductor reduzca su nivel de alcoholemia o que un familiar o amigo que no esté bajo los efectos del alcohol pueda hacerse cargo del coche.

En caso de que el conductor estuviese de acuerdo y aceptase el resultado tendrá que solicitar ir al hospital donde se realizará una prueba de alcoholemia mediante análisis de sangre, orina u otros métodos. Si el análisis resulta positivo el conductor tendrá que pagar el importe de estas pruebas.

Dependiendo del nivel de alcohol en sangre se pueden imponer diferentes sanciones que van desde una multa económica hasta la retirada de puntos del carnet o ambas.

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Conducción con cambio automático ¿es segura?

 

Hace unos años no era demasiado conocida pero hoy en día la conducción automática es cada vez más común en nuestras carreteras. Aunque se dice que son más fiables que los coches de marchas manuales, es posible que a veces tengamos que llevarlo a un taller con coche de sustitución.

Según los últimos estudios, el interés por los coches automáticos está creciendo en nuestro país y una de las razones no es solo por la comodidad que proporcionan a la hora de conducir sino por la seguridad.

¿Cuáles son las principales ventajas de la conducción automática?

Como hemos dicho, la comodidad es una de ellas, algo que se nota sobre todo en el tráfico urbano y con los atascos, en los que hay que hacer muchas paradas y arrancadas. También es muy cómodo a la hora de conducir dado que no hay que subir o bajar de marchas dependiendo de la velocidad, si se está subiendo o bajando una pendiente, etc.

Por otro lado la seguridad vial con los coches de conducción automática también aumenta. Para muchas personas es un alivio no tener que estar sincronizando cada poco el pedal del embrague con la palabra de cambios, algo muy útil para aquellas personas que tienen problemas de movilidad reducida y o bien tienen levas de cambio en el volante o cambio automático.

Por otro lado, esta clase de motorizaciones no se calan en ningún momento y está demostrado que los conductores que manejan estos coches prestan más atención a la carretera que a cualquier otro detalle del coche.

Asimismo son coches que ofrecen una mayor seguridad mecánica que los motores de cambio manual, esto es debido al correcto engranaje de las marchas porque siempre se harán en el momento exacto, por lo que los dientes nunca rozarán entre sí, como cuando se engrana mal una marcha.

En definitiva, son coches, que aunque su precio es superior al de un vehículo de cambio manual, ofrecen una serie de ventajas muy interesantes.

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